lunes, 6 de agosto de 2018

UNA NUEVA POMPEYA FASCINA AL MUNDO




Por primera vez se vuelve a excavar, tras más de medio siglo, en el célebre parque arqueológico. En los últimos meses han aparecido en la Región V preciosos frescos, objetos cotidianos y hasta el esqueleto del último fugitivo. Y todo, gracias al Gran Proyecto Pompeya, financiado por la UE con 105 millones de euros.


Ángel Gómez Fuentes  |  ABC.es/cultura  05/08/2018

Pompeya vuelve a fascinar al mundo con sus nuevos descubrimientos. Por primera vez, después de más de medio siglo, se vuelve a excavar en la antigua ciudad romana, que nos ofrece nuevas bellezas y sorpresas, itinerarios inéditos, domus y ambientes que dejan boquiabiertos a los arqueólogos e investigadores. Este año se conmemora el 270 aniversario de las primeras excavaciones, iniciadas por deseo de Carlos III de Borbón, que son uno de los mejores testimonios de la vida romana.

Ahora, en el Parque Arqueológico de Pompeya, según explica su director, Massimo Osanna, en una entrevista con ABC, se vive una auténtica «revolución», gracias al Gran Proyecto Pompeya, financiado con 105 millones de euros por la Unión Europea. Se está excavando el sector llamado Región V y se descubren nuevos frescos, esculturas, ánforas, preciosos objetos, monedas, inscripciones y víctimas de la erupción del Vesubio que sepultó la ciudad en el 79 d.C..

Recorremos las excavaciones, que se desarrollan en un área de poco más de mil metros cuadrados, acompañados por el arqueólogo Francesco Muscolini, quien nos detalla algunos de los descubrimientos más llamativos: el lugar donde se encontró el «último fugitivo de Pompeya», la Casa de los Delfines, objetos de la vida cotidiana como ánforas o inscripciones electorales, en una de las cuales se lee: «Por favor, elegid a Elvio Sabino como edil, digno del Estado, uno bueno».


Todo lo que se encuentra se conserva en un almacén, al lado de las excavaciones, para clasificar y analizar cada objeto en el laboratorio. Sobrecoge y emociona recorrer las salas de la Casa de Júpiter con adornos de estucos coloreados muy antiguos «seguramente de 150-200 años antes de la erupción», afirma el arqueólogo Muscolini. La domus, propiedad de un hombre particularmente rico, el senador M. Nonio Balbo, recibe el nombre de Júpiter porque el dios principal de la mitología romana está representado en un fresco en una pared del jardín. Está ya muy descolorido porque se encontró en las excavaciones parciales que aquí se hicieron en el siglo XIX. «Fueron unas excavaciones un tanto salvajes, porque se excavaba una especie de pozo en el terreno y luego una serie de túneles, con lo que se destruían muros y pinturas. Su única finalidad era llevarse todo lo que veían de valor», nos dice el arqueólogo. Muy atrás quedan esas barbaridades. Pero se está también a años luz del trabajo que hasta hace poco se hacía en Pompeya. «Hoy todo se hace -explica Massimo Osanna- con un equipo muy articulado que prevé todas las profesiones en la restauración de una casa: un director de trabajos, arquitecto, directores operativos (arqueólogo, ingeniero, restaurador) y todas las figuras que son necesarias para dar una documentación global: antropólogos, paleobotánicos y arqueozólogos».

Más allá de las nuevas sorpresas que van a deparar estas excavaciones, Pompeya fascina siempre desde el inicio de las excavaciones del 1748, porque desde entonces se abrió una «segunda vida» para la antigua ciudad romana. Por eso, cuando el primero de agosto («el día más caluroso del año», nos dice el director Osanna, a unos 40º) recorremos algunas vías de Pompeya, están llenas de turistas que alimentan la imaginación y los sentimientos. Así, en su caminar por la calle principal de la ciudad, la Vía de la abundancia, un paseo único en el mundo, es fácil respirar el ambiente de hace dos mil años, imaginarse cómo eran las casas privadas, sus restaurantes, bares, panaderías, fruterías…


La nostalgia por un paraíso perdido fascina y está en el imaginario colectivo, hasta el punto de que se le asocian catástrofes aunque nada tengan que ver con ella. Así acaba de ocurrir ahora con el desastroso incendio de Grecia, el pasado 23 de julio en Atica, cuyo fuego destructor ha permitido a muchos medios hablar de una nueva Pompeya. «La dinámica del incendio y de la muerte son completamente distintas en Pompeya –explica Massimo Osanna–. Aquí la muerte se produjo en manera diversificada. Se inició la explosión del volcán, en la mañana del 24 de agosto, y se produjo una lluvia de lapilli (pequeños fragmentos de piedra), que comenzó a llenar progresivamente las calles (alcanzó un nivel de 5 metros en algunas zonas). En ciertos casos, hundió los techos de las casas, por lo cual algunos murieron por el derrumbe de los primeros edificios. Quien sobrevivió a esta primera fase, que duró 18 horas, murió luego por la llegada de la corriente piroclástica (fragmentos más grandes que lapilli y cenizas), que no es la lava ni el fuego. A Pompeya llegó una nube de cenizas y materiales arrastrados por la fuerza de esta nube de altísima temperatura: ramas de árboles, bloques, etc. Quien fue envuelto por esta nube murió por shock térmico, por la alta temperatura, pero no carbonizado; su muerte fue por calor o por asfixia».
 
Precisamente, en la Región V se ha encontrado el esqueleto de un hombre cuando trataba de huir. Apareció con un bloque de piedra sobre la cabeza. Un descubrimiento que aportará grandes novedades, según el director Osanna: «Hemos hecho todos los análisis posibles (osteológico, radiológico, ADN, etc), que nos permitirán averiguar de dónde provenía, su edad, la dieta que hacía, sus enfermedades, su estatus, cómo murió, cómo fueron los últimos momentos de su vida. Será una documentación increíble. Este pompeyano huía con una pequeña bolsa sobre el pecho con veinte denarios (la moneda romana) de plata, y algunos de bronce, lo que significa un salario medio para medio mes de una familia normal (tres personas). Llevaba la llave de casa, con la esperanza de volver».


El Gran Proyecto Pompeya supone una gran revolución interna porque se ha cambiado radicalmente la concepción sobre las excavaciones y la restauración. «Antes se restauraba una casa en un año, otro edificio al año siguiente –explica Massimo Osanna–. Se hacían trabajos no sistemáticos. Ahora consideramos que Pompeya es una ciudad y como tal debe ser tratada, situando en primer lugar su seguridad. Antes, gran parte de Pompeya estaba cerrada al público, porque no era segura. Hemos dado seguridad a cada muro, a todas las casas. Esto ha permitido abrir áreas siempre cerradas. Había zonas enteras, con sus calles y casas cerradas, desde el terremoto de 1980. Además, en cuatro años hemos restaurado una treintena de casas o edificios, incluso con sus elementos decorativos, como frescos, mosaicos…»

Forma parte de esa revolución en Pompeya el que «hoy no se excava por excavar, sino que se hace con tutela, primando la seguridad, y con objetivos muy precisos», asegura Massimo Osanna. Lo hemos visto en la Región V, donde se puede comprobar que Pompeya entra en el mundo contemporáneo: «Esto es una revolución. Usamos todas las tecnologías actuales para documentar en 3D y archivar absolutamente todos los datos de las excavaciones. No se pierde ni uno –afirma el director Osanna–. En el futuro, el esfuerzo fundamental estará en la conservación. ¿Cómo conservar estos colores maravillosos de los frescos? Hay colores maravillosos que, apenas toman contacto con el aire, se empiezan a descolorar, aunque intervenimos de inmediato con los restauradores». Así lo comprobamos en la Región V, viendo trabajar a la restauradora Giovanna Traettino: «Nuestro tarea es poner en seguridad la obra, haciendo una labor de conservación que sea reversible, es decir, que sea posible mañana cambiarla si hay materiales o técnicas más
avanzadas».
 
El fruto de esta revolución en Pompeya es que hoy, al visitar algunas de sus casas, uno tiene la sensación de estar en un pequeño museo. Así ocurre, por ejemplo, en la Fullonica di Stephanus (domus con lavandería), que hoy ha recobrado la vida. «En algunas casas y edificios hemos rehecho las habitaciones y llevado allí sus propios objetos, que en los años 70 se habían dejado en depósitos para mantenerlos en seguridad. Algunos objetos y muebles son originales, otros los hemos hecho expresamente. Esto es bellísimo, porque se pueden ver los objetos de la vida cotidiana en su lugar y no en un museo en vitrinas fuera de contexto», afirma el profesor Osanna. El terreno de Pompeya abarca 66 hectáreas. En total se han excavado 44 hectáreas. Queda un tercio a disposición de las nuevas generaciones, que podrán descubrir y gozar de nuevas maravillas.
 
En ese futuro seguirá jugando un papel España, como ya lo hizo también en el pasado». «Aquí encontramos cotidianamente ánforas con el garo (una salsa de pescado utilizada como condimento) que venían de Hispania. También encontramos cerámica ibérica del siglo III a.C. Hoy Pompeya está abierta a las colaboraciones internacionales y vienen profesionales de las mejores academias. Muy estrecha es la relación con España, en particular con Madrid y con arqueólogos de las universidades de Valencia y Cádiz. Espléndida es la colaboración de investigación con el profesor José María Luzón, que encontró toda la documentación sobre Pompeya del siglo XVIII que estaba en Madrid en español, porque las primeras excavaciones se iniciaron bajo Carlos III de Borbón, en 1748. No se puede concebir una investigación de Pompeya sin España, porque desde el inicio de esta extraordinaria aventura arqueológica ha estado España», afirma Massimo Osanna.

  


Vide: ABC.es/Noticias de Pompeya

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